donde toda mi estupidez y mis patologías cobran vida.

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18 agosto 2011

Mi Rey León le parte la madre a tu lo que sea.

No es ninguna novedad que soy un pinche niñote. Me gusta reírme de los gordos que se caen, me sigo tirando pedos por el simple hecho de molestar gente y hay comics que considero joyas literarias. Esto, por supuesto, también implica que me siguen encantando las caricaturas y que jamás dejaré de verlas. El otro día pensé en la posibilidad de un futuro en el que ya no encuentres repeticiones de Los Simpsons a ninguna hora y me puse mal. Entonces, siendo este maravilloso miembro de la sociedad con complejo de Peter Pan, agradezco cuando algún cineasta me da chance de sentirme por completo como un niño por 2 horas sin que nadie me juzgue y al lado de otros que comparten esa situación. Con el tiempo me he dado cuenta que pocos lo logran, normalmente Tim Burton es el que mejor lo hace y Pixar está 2 pasitos detrás de él. Aunque con ellos es diferente ya que sí me conmueven y río y todo eso, pero la película no me hace sentir como un niño viendo algo nuevo con la bocota abierta y disfrutando cada escena con una sonrisa de retrasado mental.

Sin embargo, ninguna película de ninguno de ellos se compara con El Rey León. No entiendo por qué, no sé de dónde viene mi eterna fascinación con ella pero es algo muy cabrón. La vi por primera vez cuando salió en el 94, y si recuerdo bien, fue la única vez que la vi hasta que la proyectaron en la Megapantalla del Papalote hace como 10 años. Hoy, a mis 29, en un jueves donde normalmente estaría empedando o haciendo alguna cagada, la vi en 3D y el efecto sigue siendo el mismo. El abrazo de Rafiki y Mufasa al principio me parte la madre y la película en general se me hace de las mejores cosas que hay. Los personajes, la animación, la música, las voces, la historia (aunque sea de Shakespeare), todo bien con esta puta película chingada mierda madre.

Por hora y media fui otra vez un pendejete de 12 años cagándome de risa con chistes que en cualquier otro lugar se me harían estúpidos, maravillado por una animación que ya casi se considera obsoleta y sonriendo con tan sólo ver los dibujitos. Una cosa es conmoverte y otra muy distinta lograr que veas algo de la misma forma que lo hiciste hace 17 años.

Me gustaría decirles que este post tiene algún punto, analogía que les cambiara la vida o giro inesperado al final, pero no. Sólo quiero que sepan que siempre que una película logre que vuelva a ver las cosas con ojos de niño, me va a agarrar una nostalgia pendeja, voy a ser muy feliz y escribiré cosas tan malas y cursis como ésta.

Creo que por algo lloro más con finales felices que con los tristes.





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