donde toda mi estupidez y mis patologías cobran vida.

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20 diciembre 2016

Post navideño depresivo.

De todas las personas que están en este centro comercial comprando cosas para esta Navidad, hay un chingo que le van a dar el regalo equivocado a alguien. Muchísimas personas van a estar 100% seguras de estar comprando lo mejor que le pudo pasar a otra persona y en realidad ese regalo será cambiado por algo totalmente distinto o acabará arrumbado en la esquina del clóset.  Hay cientos de personas, solo en este centro comercial, que le darán un regalo a alguien que les está pintando el cuerno. Hay otros cientos que darán un regalo exageradísimo para evitar que siga creciendo la sospecha de que están siendo infieles y justo ese regalo será la evidencia que el otro necesitaba. Es más, hay cientos de personas que le darán un regalo a alguien con quien su pareja les está siendo infiel. Otros cientos están comprando el último regalo para esa persona especial porque no saben que en cuanto empiece el 2017 los van a dejar por otro, otra o por nada.  Algún regalo causará que el niño que lo reciba se lesione gravemente. Muchísimas personas le están comprando los mejores regalos a un hijo que no saben que no es suyo mientras otros no le van a dar nada al que sí lo es. La cantidad de tallas equivocadas que se regalarán será algo estúpido. Cientos de personas le están comprando algo de la verga a alguien que odian para seguir con una batalla pasiva agresiva que durará toda la vida. Otros cientos no saben que su regalo va a causar que un niño pierda toda la fe en la Navidad y cientos más no saben ese regalo se perderá en la mudanza después del divorcio. Aquí hay regalos que jamás se van a abrir, juguetes que jamás serán usados, pilas que nunca abandonarán su empaque, balones que nunca romperán una ventana, zapatos que no se van a desgastar, muñecas cuya ropa nunca va a cambiar y etiquetas que jamás se van a quitar. Miles de regalos están siendo comprados y nunca llegarán a su destino ya sea por tráfico, vuelos cancelados, accidentes, enfermedad o muerte. Sí, hay gente que jamás podrá dar ese regalo porque la muerte no descansa en Navidad y tanto el que lo da como el que lo va a recibir puede ver su último amanecer el 24 y no el 25. Es más, hay regalos que ni siquiera serán envueltos por algún imprevisto o tragedia. Regalos que solo servirán como recordatorios constantes de peores tiempos, que causarán rupturas eternas entre hermanos porque uno está más chingón que el otro y regalos que nos harán darnos cuenta que no conocemos ni tantito a esa persona que creíamos conocer como la palma de nuestra mano o que aquella persona con la que llevamos viviendo 15 años no sabe nada de nosotros. 

Y todo esto, solo en el centro comercial donde estoy. 

Feliz Navidad, amigos.



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